#2 Inminente destrucción social

Christean Cabrejos nació en Lima, Perú. De chico se acostumbró a los traslados y a hacer nuevos amigos. Un día dejó de acordarse cuántas veces se había mudado y ya no se sorprendió más ante un nuevo barrio, una nueva casa o una nueva escuela. Pero a los 10 años el cambio fue más abrupto: junto a su familia se vino a vivir al conurbano bonaerense y se empapó de la primavera alfonsinista en el partido de San Martín. En la placita “Las Heras” de San Andrés no se cansaba de jugar a la pelota e intentar copiar algunas de las hazañas del Diego en México. Parecía que al fin los traslados eran parte del pasado, pero no. Un día se separaron sus viejos, a su padre no lo vio más y con su madre se fue al barrio de Congreso, en la capital. Chau amigos, chau fulbito. Estaba solo, agobiado ante su nuevo vecindario, incapaz de comprender a esa muchedumbre que caminaba velozmente por esas calles grises. Sintió que su madre laburaba miles de horas, y la empezó a ver cada vez menos. Los traslados al fin habían finalizado, pero él estaba a la deriva.

La Rock & Pop en esos años se emitía por el 106.3 MHz. Mario Pergolini y Lalo Mir escribían cada día un nuevo manual de cómo hacer radio. En un departamento de la calle México al 1700, Christean la escuchaba pendiente de que sonara algún tema de Los Violadores, Sumo o Los Redondos, las primeras bandas que vio en vivo. Un día le llegó un volante de un recital punk en Cemento. Listo, viaje de ida, sin boleto de vuelta. De su casa hasta la calle Estados Unidos 1234 había siete cuadras y media de distancia, tenía 15 años y de pronto ya no estaba más solo. Después que terminaban las bandas en Cemento Discoteque, se quedaba escuchando a Jesus & Mary Chain, Ramones, Sex Pistols, The Clash, Nina Hagen, Madonna, Cindy Lauper, Iggy pop, The Cure, The Smiths y Siouxsie & The Banshees. Ya se había empezado a enamorar de Katja Alemann y paraba en el Parque Centenario junto a un grupo de 80 punks que llegaban de todos lados. Tenían en común sus crestas, sus dolencias y necesidades.

En la escuela se acostumbró a sentarse en el fondo y a hacer méritos para que lo echaran. ¿Qué importaba? Escabiaba siempre que podía y era costumbre pelearse en la calle. Mientras tanto, algunos amigos se suicidaban y los ’80 se despedían con promesas de progreso incumplidas y con recitales violentos: si no eran las itakas de la cana en la cabeza de los pibes, eran las patotas de los skin fachos. Antes, durante o después de un show, los botellazos y navajazos eran sucesos cotidianos en las noches rockeras. En ese contexto, Christean se topó con la primera responsabilidad de su vida: tocar bien la batería. No había ido nunca a clases y tampoco tenía un referente en el instrumento. Le llamaba la atención que era como un latido, algo rítmico y visceral, y además había escuchado que su viejo en algún momento también había sido baterista. Al primer ensayo de “Okupación”, su primer banda, llegó ansioso, inventaba ritmos imitando los golpes que le daba a carpetas y bancos en la escuela desde hacía meses. Hasta que consiguió una bata y Dany D’Angelo, baterista de Mal Momento le dio un par de consejos claves. Después llegarían horas y horas de ensayo, la banda “Alambre de Púa” con Walter “Mosqui” Velázquez y por último IDS, Inminente Destrucción Social con un grupo de pibes del oeste que intentaban sonar como Charged GBH, The Exploited y Broken Bones.

_ Lucky, Christean, los presento porque creo que va a haber buena onda.

El encuentro para nada casual en La Cooperativa de Villa Crespo sería el germen del Mentes Abiertas. “Tenía ganas de conocerte”, se dijeron. Ambos tenían referencias del otro y se quedaron charlando acerca del hardcore punk inglés y de los ensayos de la banda de Lucky, Diferentes Actitudes Juveniles. Los dos querían armar compilados para darle difusión a las bandas del momento: Christean se lo imaginaba en casette y con cuatro bandas punks, Lucky en vinilo y con veinte bandas, entre las cuales se incluyera algunas del palo hardcore. En diciembre del ‘91 se juntaron en Catalinas Sur, pero el proyecto tomó vida a mediados del ‘92, ya con Federico Grillo, guitarrista de DAJ como tercera pata. En un par de meses ya estaban definidos los ocho grupos que participarían: cuatro punks y cuatro hardcore. Faltaba averiguar en SADAIC, imprentas, replicadoras de vinilo y estudios de grabación…

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