#1 “Yo a vos te tengo del Mentes Abiertas”

A los diez minutos de llegar a Mar del Plata, ya estaba preso. Luciano Maggiolo – Lucky, como lo conocían en el barrio de La Boca – era el único de los músicos que se había olvidado el documento. Esa noche, su banda, Diferentes Actitudes Juveniles (DAJ) se presentaba junto a Círculo vicioso, 2 minutos y Mal de parkinson, pero el micro que partió desde MacArthur fue interceptado por la policía en una YPF de la ciudad costera. Las razzias policiales eran moneda corriente por aquellos días y el recuerdo de Walter Bulacio, aún estaba bastante fresco. Convenía estar atentos ante las detenciones arbitrarias, sobre todo quienes ya no eran menores de edad. Lucky era uno de los pocos que superaba los 20 años a bordo de ese micro lleno de cervezas y cantos desaforados. Pero no había perdido las mañas de su adolescencia, seguía siendo ese petiso carismático con cara de tano, distraído, rebelde y con un sinfín de costumbres que arrastraba desde aquellas épocas en las que paraba en Catalinas Sur, un pequeño barrio ubicado en la entrada de La Boca, entre el hospital Argerich, la Autopista Buenos Aires y la calle Necochea, un rincón urbano en el que los autos no pueden pasar que supo forjarse como un oasis dentro del caos porteño. Quizás por eso, Lucky y sus amigos permanecían hasta las dos de la mañana jugando a las bolitas.

La familia Maggiolo era muy popular en La Boca porque tenían una importante librería y una empresa de transporte. Pero a Luciano lo saludaban en la Plaza Malvinas, en el kiosco de Pirulo o en la Shell de Parque Lezama por otra cosa: lo que lo hacía popular era su simpatía, la misma que le otorgaba impunidad cuando solía romper o perder aquello que le prestaban, meterse el dedo en la nariz mientras hablaba, hacer pis al lado de una familia que pasaba por la calle o pisar mierda con los borcegos y pararse sobre una alfombra nueva después. Sin embargo, los pibes más chicos veían en él una figura que les remitía a la adultez, aun cuando solo tenía 18 años y muchos se burlaban por superarlo en estatura. A Lucky lo veían como un pequeño gran hombre por la firmeza con la que se plantaba arriba de un escenario dejando hipnotizado al público con sus discursos políticos entre tema y tema, la mención a la coyuntura social y económica y su postura comprometida contra la matanza indiscriminada y maltrato de animales. Aunque siempre había alguien que rompía con esa hipnosis colectiva que se generaba en los shows de DAJ: Fiambrín, un personaje que solía apoyarse en una columna y gritar sin tapujos “¡Aguante el asado, Luciano!”. Lucky sonreía y seguía tocando, un gesto que dejaba entrever su posición frente a las diferencias que podían existir incluso con los seguidores de siempre y ante las posteriores divisiones dentro del hardcore.

_ Cuanto más grande sos, más tonto te parece. ¿Si sos SxE, qué problema hay si otro fuma porro al lado tuyo? Si te molesta que se vaya un poco más lejos. Con la tolerancia vencemos barreras sino estaríamos en guerra constante.

Todos los sábados se reunía en Quilmes con sus amigos Toldito, el Boli, miembros de Desocupados, Círculo vicioso y Christean de IDS. Fue parte de lo que se denominó KUP (Koncentración Unidad Punk). Allí se hizo un amigo norteamericano que lo acercó a bandas de Nueva York como Youth of today, Sick of it all y Warzone. Le habían volado la cabeza, pasaba días enteros escuchándolas y ahorrando para viajar y verlas en vivo. Para el año ’92 tenía ahorrados 4000 dólares.

Pero un día, decidió dar marcha atrás y quedarse en Buenos Aires. Pensó que si él había podido acceder al material publicado por esos grupos estadounidenses, el hardcore local debía dejar registro de lo que sucedía en el under, una huella que encendiera la mecha para que las bandas pudieran elaborar sus propios discos. Años más tarde, ya radicado en Ibiza, alguien le diría: “Yo a vos te tengo del Mentes Abiertas”. Sin saberlo, Lucky había logrado inmortalizar aquella frase que solía repetir en el barrio de las baldosas de colores:

_ De Catalinas Sur, para siempre.

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