#6 “¡Este chabón, este chabón!”

La primera vez. Única, maravillosa, inolvidable. Angustiante, traumática, dolorosa. ¿Si pudiéramos volver en el tiempo y cambiar algo de nuestra primera vez, lo haríamos? ¿Los sentimientos, el lugar o la persona con quien la compartimos?

Había pasado la emoción del Arlequines y decenas de músicos amateurs ya tenían su turno en Tecson para grabar dos canciones para el Mentes Abiertas. Salvo los pibes de EDO, que traían la experiencia de su demo “Religión” y DAJ, que había hecho el suyo en el estudio semanas atrás, el resto debutaba en un estudio de grabación. Las condiciones eran las mismas para todas las bandas: diez horas disponibles, cinco de grabación y cinco de mezcla. ¿Estarían a la altura?

“Era todo muy básico, ¡me sorprende el amor que le ponía!”, recuerda Marcelo Depetro. En el año 92 no había computadoras, los estudios eran de canales, que denotaban la capacidad de pistas disponibles para grabar. De esa manera se podía separar bombo, bajo, guitarra, voz y no mucho más. Tecson había arrancado con ocho canales, pero recientemente se había convertido a uno de 16, no tan pulenta como los de 24, pero era un avance. Marcelo ya se estaba adaptando a la consola nueva, que traía una novedad: ¡un ecualizador!

_ ¿Ustedes estaban felices conmigo, ¿o no?

Marcelo todavía no sabía que se convertiría en uno de los padrinos del sonido hardcore en Argentina. Pero la forma de trabajo que emergió en Tecson, la atmósfera que se creó cada día fueron claves para el resultado final. “Al verlos, me reconocí en ellos. Los pibes venían con los skates y yo había sido skater en el 81, antes de que el skate estuviera relacionado con la música. Pegamos onda inmediatamente pero fue accidental”. Cada día llegaban dos bandas a grabar, pero los músicos no venían solos: traían amigos, conocidos, e incluso miembros de otras bandas se amontonaban en los pasillos. Grabar era la novedad, pero también lo era ese señor un poco más grande de edad que detrás de la consola les decía “hagan lo que quieran”. Entonces los pibes se reían, y esa experiencia que en la mayoría de los casos llega a ser traumática, el peor día de la vida de muchos músicos reconocidos, se volvió inolvidable. Esa pandilla, esa patota de pibes hardcore punks viajaba de Bariloche a Disney sin escalas.

“Ya no sos igual” y “Arrebato” fueron las dos canciones que 2 minutos grabó para el compilado. ¿Qué hubiera sido de la vida musical de los oriundos de Valentín Alsina si no se cruzaban con Depetro? Esta primera vez para el Mosca y sus compañeros fue única, al punto que las versiones de esos dos temas que se escuchan en su primer disco, Valentín Alsina, son las que surgieron en la grabación del Mentes Abiertas, no quisieron grabarlas de vuelta por miedo a que no se pudieran hacer versiones tan acabadas. Marcelo los entendió, los interpretó y se ganó los abrazos del Mosca que no podía creer que ambos compartían el fanatismo por la banda londinense Sham 69: “¡nooo, este chabón, este chabón!”, exclamaba.

Mientras los 2 minutos grababan, veinte personas los alentaban a los gritos. Un momento, el pico de energía, una conexión en cada golpe, en cada nota: “A veces te dispersas, vas a un ensayo y tocás cinco veces el mismo tema pero no pasa nada. En el caso de “Ya no sos igual”, se trató de un momento muy difícil de volver a recrear, con todos presentes, todos gritando, con los pibes contentos. ¿Cómo hacés para que pase eso? No hay una regla o técnica, eso se dio naturalmente”, recuerda Depetro.

Los primeros días de diciembre del 92, el rock volvía a ser demonizado por los medios masivos. Un festival por el “Día internacional de la lucha contra el SIDA” en la 9 de julio había terminado con destrozos y con represión policial. ¿El motivo?, una rebelión ante la ausencia de Soda Stereo, Charly y Fito. La noticia estaba en todos los canales, pero Lucky, Fede y Christean no le daban bola al televisor que sonaba de fondo. En una gran mesa había cajitas, fotos, casettes y cds a punto de armarse. La nueva invasión estaba lista.

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