#1 La huerta

El encuentro sucedió hace casi diez años. Eterna Inocencia se preparaba para cerrar el año musical en Graneros, una ciudad ubicada en la región del Libertador General Bernardo O’Higgins, 70 kilómetros al sur de Santiago. Javi recuerda que estaba en los momentos previos a salir al escenario, pero esos nervios que siente siempre antes de empezar un recital pasaron a segundo plano. Un hombre les contaba que había empezado a escuchar la banda hacía poco por su hijo, fallecido tiempo atrás por el accionar de un asesino al volante que lo despreció y lo abandonó. “Dejé la habitación como estaba”, relataba, y Javier “Ciri” Pesquero imaginaba ese cuarto vacío, fijo, inmodificable, lleno de posters de Eterna en las paredes. Sin embargo, no podía imaginar el dolor.

_ Esas cosas son muy fuertes, y que por lo menos por un instante, hayamos podido hacer que esa persona se sintiera bien, es algo maravilloso. Este tipo de cosas son las que hacen que sigamos tocando.

En esa habitación, luego de un largo silencio, empezó a sonar de vuelta Eterna Inocencia. Melodías acompañadas de lágrimas, de recuerdos, como un vínculo inmaterial, como un abrazo a la distancia.

Javi ceba el primer mate. Nos recibe en el living de su nueva casa en Berazategui, aunque lo correcto sería decir que se trata de una vieja conocida que solía ser el punto de encuentro de su familia materna. Aquí pasó parte de su infancia; de chico venía a los carnavales que se hacían en la calle 14 y se sorprendía por el gallinero, la huerta y la cantidad de flores que cultivaba en el fondo de la casa su abuela Ninetta, quien vivió allí hasta el año 2016. Su abuelo, por el contrario, falleció bastante joven. Sin embargo, Javi aún recuerda aquel regalo que lo sorprendió de pequeño: la primera pelota que él le regaló, esa compañera con la que pasó horas jugando en el patio. Hoy, luego de unos meses instalado, quiere que este espacio vuelva a ser un lugar donde haya vida y música.

Del patio llegan las risas de un par de amigos ingobernables, que se mezclan con insultos a  un carbón que se rebela a cocinar unos choris. Los hermanos Walter y Roy Ota atraviesan el living llevando y trayendo cosas para el armado del estudio propio que los Eterna Inocencia proyectan en la parte delantera de la casa. La charla recién arranca, aunque los mates están próximos a acabarse. Para comprender su historia, es necesario seguir indagando en el presente:

_ No se hasta cuando vamos a tocar, lo decidirá el tiempo y las ganas. Yo me veo tocando muchos años más, no es algo que pueda dejar de hacer, porque cuando nos subimos al escenario, el hecho de ver gente cantando tus canciones tan efusivamente, los comentarios que te hacen… Hay pibxs que pasaron situaciones durísimas, y que te digan que escuchar Eterna les sirvió para pasar ese momento de mierda…

Ciri detiene su relato. Sus ojos están brillosos, pide disculpas.

Nunca te imaginás que al hacer una canción vas a llegar con tanta profundidad a la vida de una persona. Uno empieza a tocar porque le hace bien a uno, y si seguimos es porque además somos amigos, nos llevamos bien y nos divertimos. Pero es muy difícil dejar de tener esas sensaciones, sobre todo cuando tenés un público que se apropia de las letras, de las cosas que dice la banda, y en muchos casos, sos un puente para ayudar a alguien.

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