#5 El mismo lado

Entre 1993 y 1995, el periodista Fabian Polosecki irrumpía la pantalla con los programas “El otro lado” y “El visitante”, novedosas narraciones televisivas durante la gestión interventora de Gerardo Sofovich en ATC. En pleno menemismo, “Polo” sacaba las luces de las cámaras posadas sobre las celebridades y las ponía en las voces secretas, sórdidas de la ciudad. “Yo no creo que haya otro lado. Si se quiere, es el otro lado de… lo que no aparece, lo que no se quiere ver. Que estamos en el mismo lugar, que pensamos muchas veces lo mismo. La sociedad tiene un discurso aparente que intenta dividirnos. Pero es este lado, es el vecino. No hay ningún otro lado”, dijo en una entrevista al reflexionar sobre el nombre del programa.

A Ciri no le fue difícil comprender que estaba en el mismo lado en el que podían convivir una democracia que parecía marchar alegre y campante y la consolidación de los niveles de pobreza y desigualdad. Lo que le costaba era poder acercarse a su ideal de banda, que sus composiciones pudieran expresar el descontento que él y sus pares sentían. En Opción crucial esa idea política nunca estuvo del todo desarrollada y en Slam up había quedado a mitad de camino.

“Boludo, escuchá cómo suena esto”. Las cinco palabras acérrimas que no encuentran resistencia ni oposición y que inmediatamente logran captar la atención, resultaron efectivas, solo que esa vez el demo que había llevado su amigo Gabriel daba en el blanco.

I wish you can help me to stop
The terrible acts of this world
Let’s start the sunrise together

La frase que Guillermo Mármol cantaba para darle inicio a “Punkypatín” de Eterna inocencia, había calado rápidamente en la mente de Ciri como algo más que un estribillo pegadizo.

_ Dije: esta es una re banda, la banda que suena a Bad Religion, a ese estilo que me encantaba y acá no había más que esbozos. En ese disco para mí es clarísimo lo que querían hacer.

Foto por Meche Mármol

Scalabrini Ortiz y Guatemala. La intersección en la que alguna vez confluyeron las distorsiones. Una movida que se organizaba con frecuencia en Continuará, en Palermo, había reunido a Slam up y Eterna inocencia. Lo que Ciri no imaginaba era que esos rostros con los que volvía a tocar en una fecha luego de algunos recitales en Bernal y Quilmes en los que habían compartido escenario con Opción crucial, pasarían a formar parte de su cotidianeidad. Después de su experiencia como manager de OC, Gabriel había empezado a colaborar con la organización de shows de Eterna inocencia. En el 2005, cuando Ciri intentaba reconstruir un proyecto musical tras la disolución de Slam up, fue precisamente su amigo quien le avisó que en EI estaban en la búsqueda de otro guitarrista y que pensaban proponerle a él ese lugar. Una noche en el bar 4 de Copas de Moreno, Ciri no dudó en aceptar la invitación a formar parte de la banda pergeñada en las calles de Quilmes, sin pensar que eso desencadenaría una serie de sucesos que él mismo considera shockeantes.  Los miembros de esa formación a la que había decidido unirse no le resultaban extraños ni desconocidos, principalmente Tatán, con quien había establecido una relación desde la época en la que solía encontrarlo en recitales del Buenos Aires Hardcore, de andar en skate en La Plata o de compartir fecha con su anterior banda, Pensar o morir.

_ Cuando le pregunté a Guille cómo era la banda, me dijo que empezaron haciendo shows a beneficio de comedores escolares y demás, que de ahí viene también un poco el nombre. Eso funciona como un motor para que uno siga adelante, componiendo, trabajando, y cuando todo eso no está se hace difícil.

A partir de ese momento, Ciri entendió que tocar era un hobby pero también una responsabilidad, que el mensaje que tenía y que tanto le había costado construir y transmitir, afectaba e influía sobre cada persona que los iba a ver, que ya no había una barrera imponente entre banda y público a medida que las pieles, el sudor, las sensaciones y los recuerdos convergían en una misma dimensión.

Años más tarde todo eso se reafirmaría en un recital, con otras caras, nuevos integrantes, pero la misma esencia: un seguidor de la banda había fallecido por mala praxis en una clínica. Su pareja decidió pararse arriba del escenario para contarles a cientos de desconocidos que ella había empezado a escuchar EI por su marido, que se habían enamorado con EI y que encontraba en la misma banda una fuente de coraje para subirse a denunciar una muerte trágica de la cual nadie se hacía cargo. El relato detenía la efusividad de los cuerpos tatuados con logos y frases de la banda, que minutos atrás chocaban unos con otros. Ciri volvió a realizar ese habitual ejercicio de observar las caras de los demás desde el escenario, solo que esta vez se detuvo un momento a apreciar los gestos de quienes estaban a su lado: la atención de ese Guille que le explicó de entrada a qué apuntaba la banda, la mirada conmovida de Roy y el silencio respetuoso de Ale y Germán, quien había reemplazado a Joan en la batería. Se había dado cuenta – al igual que sus compañeros –  que ya no existía ningún otro lugar donde cada detalle pudiera manifestarse con el mismo grado de intensidad y que eso podía reproducirse en otros proyectos musicales afines a sus ideales. Fue así como el espíritu de solidaridad que EI comenzaba a forjar con otras bandas progresó en múltiples aspectos convirtiéndose en uno de los condimentos esenciales para que se mantengan en pie.

_ Ahora estamos armando una sala de ensayo para empezar a componer el disco nuevo, que esto sea un estudio de grabación para que bandas que no tienen la posibilidad puedan venir, usar este espacio para publicitar bandas, como alguna vez fue el fanzine. Pero, a veces, eso es complicado porque no todas las bandas entienden esto, este motor que te sirve para generar tu propia música, si no estás solo, encerrado en tu mundo. Si no te abrís y no ves lo que está haciendo el otro y no compartís con el otro, es muy difícil.

Quizás Polosecki tenía razón. Quizás hagan falta más miradas apuntando al vecino, más voces reproduciendo lo que pasa en el mismo lado.

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