Eterna Inocencia en el Teatro de Flores: Un nuevo espacio de libertad

Por Carlos Sanabria @hayquearar

Fotos de Mathias Magritte @MathMagritte

“Una condición fundamental para conseguir fomentar con éxito una nueva conciencia planetaria se apoyaría, por tanto, en nuestra capacidad colectiva para la creación de sistemas de valores que se escapen de la laminación moral, psicológica y social de la valorización capitalista, que solo está enfocada al beneficio económico. La alegría de vivir, la solidaridad, y la compasión hacia otros son sentimientos que están al borde de la extinción y deben ser protegidos, reavivados e impulsados en nuevas direcciones”

Para una refundación de las prácticas sociales.

Félix Guattari, 1992

“Yo soy Eterna, es un sentimiento, no puedo parar…”. La muestra de amor por parte del público de Eterna Inocencia surgió promediando el show. Emocionó a todxs, a quienes lo cantaron, a quienes se sorprendieron y a los cinco integrantes de la banda, que dejaron en silencio sus instrumentos y desde arriba del escenario devolvieron sonrisas y muestras de emoción. La despedida también fue con ese cantito, un clásico del rock nacional, pero novedoso para un estilo más duro que se caracteriza por un sonido más intenso y rápido que aquel que explotara en el ’77. Pero si algo ha demostrado Eterna es su habilidad y desesperación por evitar etiquetas, por ello no sorprende ver a un pibe llorar mientras suena “Beatriz”, una canción que Guille Mármol escribió para su madre, o un pogo furioso y feliz en el comienzo de “Elsa y Juan”, una lírica que recuerda al maestro del lápiz Juan Marchesi y a la escritora Elsa Bornemann, cuya obra fuera prohibida por la última dictadura porque se trataba de “cuentos destinados al público infantil con una afinidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo”.

Esta vez el escenario se hizo inalcanzable para lxs miles que estuvieron abajo y el micrófono no pudo ser compartido de manera directa. Pero eso no evitó que de a poco en el Teatro de Flores se fuera construyendo una noche muy especial, que quedará registrada en lo que será el primer DVD de la banda del sur del conurbano después de más de dos décadas de música. Sin embargo, reducir su trayectoria a lo musical sería un error. Eterna Inocencia se ha consolidado como un faro para que diversos proyectos musicales, culturales y literarios, cuyos integrantes escapan de la idea de normalidad, se formen en torno a la autogestión y el “hazlo tú mismo”. Y la banda, con un horizonte que va más allá de la distorsión, propone una relación asimétrica y una constante difusión del laburo que hacen entre otrxs, De Crooked con su Playón en Ciudad Evita, Lxs Black Flowers, El Altillo, el centro cultural y skate parke Sur “Mague” que llevan adelante desde “HVM Villa Constitución” en Santa Fé, el centro cultural “El Rebrote” en Quilmes, el centro cultural “Catalina Clandestina” en Laguna Larga, Córdoba, la biblioteca popular Chinaski en González Catán y el fanzine/libro “Hazlo Tu Mismx”. “Tengo en mi jardín cinco frutales que me enseñaron a ver, que sus frutos son consecuencia del trabajo colectivo, la paciencia y el amor”, dice la letra de “Agua bajo el puente”.

Para entender esa necesidad que tienen los Eterna en difundir propuestas contraculturales hay que viajar a los ’90, más precisamente a la Glorieta del Congreso, dónde en los primeros años de la década neoliberal funcionó la “Feria del fanzine”. Cada viernes a las tres de la tarde, pibes y pibas de distintos puntos de la capital y el conurbano se juntaban para leer e intercambiar fanzines y revistas, compartir música y cartas y charlar de política. Guille Mármol fue un asiduo visitante de la feria a la que en la canción “Congreso” recuerda como “un lugar que rebalsaba de contra información, que nos templó, nos forjó y nos alentó, a persistir en la autogestión”. Allí conoció a sus maestros: a Danilo y a Santiago, cantantes de Os Mocos, que cada tanto venían de Bragado y a Leo Rodríguez, cantante de la Banda del Cuervo Muerto (que teloneó a Eterna en Monte Grande) quien llevaba los números de su “Juventud Perdida”. Pero este rol formador que ejerce Eterna no se entiende solo por el dúo Mármol – Ota, fundadores de la banda. También Ale Navajas participó de una movida similar en Concepción del Uruguay y Javier “Ciri” Pesquero, guitarrista, entendió lo que era la ética del Do It Yourself en el sótano de Zona Cyborg en San Telmo, cuna del Buenos Aires Hardcore, dónde se volvería fanático de No Demuestra Interés. “Congreso” estuvo dedicada a Diego Casas, fotógrafo y asiduo de la feria del fanzine, quien hace unos años editó el libro de fotos “Los otros noventa” dónde recupera una militancia política y social desordenada, inorgánica, pero muy irreverente que se manifestó por ejemplo en los días “Anti Navidad”, los boicot a McDonalds, en el activismo vegetariano y antinuclear, o en los recitales que organizaba el F.O.S.M.O. (Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio).

El arranque del recital en Flores estuvo tácitamente dedicado a las pibas que llenaron el Teatro con sus pañuelos verdes y no dudaron en meterse en el pogo, volar en el mosh y bancársela solas. Sin la necesidad de machitos ni feministos, descargaron la rabia contenida por el penoso rechazo del Senado de la Nación a la ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito. El fragmento que en “América” recupera Mármol de la obra de Félix Guattari funciona como arma de guerra: “contemplamos con desesperación y abrasadora impotencia esta masacre de víctimas inocentes”, escribe el filósofo francés. Imposible no pensar en las mujeres que murieron y sufrieron las consecuencias de abortar de manera clandestina. Esta vez las pibas del hardcore, muchas veces invisibilizadas en el estilo, promovieron un necesario caos agitando bien cerquita del escenario. Con sus pelos pegados en el rostro, con su energía interminable y con sus pañuelos extendidos graficaron el “Pure fire” que caracteriza a Eterna; un nuevo desorden en un estilo de música y en una vida cotidiana que a veces es demasiado ordenada. El feminismo y el asco por los “rockeros” no es algo nuevo para Eterna, no se tuvieron que “adaptar” a nuevos tiempos. Como describió Guille en una entrevista que le realizó este cronista en 2016 en el programa Derrocando a Roca: “Muchas de las consignas que hoy se sostienen, también se sostenían hace veinte años cuando empezamos con la banda, recuerdo los primeros puños levantados con el signo del feminismo… todo eso lo fuimos aprendiendo ahí”.

Fueron 31 canciones en la noche, que divididas en pequeños bloques, transitaron el más profundo desamor que se expresa en muchos temas de “Las palabras y los ríos”; la ansiada rebelión y el mundo por cambiar que se describe en “A los que se han apagado”, el hardcore con sonido neoyorquino que tienen algunas canciones de “EI”, y una parte casi instrumental con “Desencontrándonos” y “Brisa”, el tema que cierra el disco “La resistencia” y comienza con un poema de Pablo Neruda. Desde abajo, un coro único y puños en alto hacían que por momentos la voz de Mármol quedara en segundo plano. En cada intervalo entre tema y tema había abrazos (fraternales, claro) entre quienes inmersos en la violencia organizada, se encontraban y charlaban hasta que sonara un nuevo primer acorde.

Eterna cerró en Flores el ciclo de “Entre llanos y antigales” e iniciará un descanso de recitales en vivo para componer las canciones de un nuevo disco. Mármol alguna vez describió que si no toca “crece su pena”, pero el retiro de los escenarios por un largo tiempo promete un regreso potenciado. “Es difícil componer los martes a las 21 después de una larga jornada laboral”, explicó antes de darse un tiempo con sus compañeros para que las letras y melodías acumuladas todos estos años puedan macerar y embellecerse en una nueva obra.

Sorprende que una banda con más de dos décadas inicie un receso y la reacción sea no solo de expectativa, sino de seguridad acerca que lo nuevo estará a la altura de su historia. Intriga el modo en que diversas generaciones conectan con Eterna a pesar de su elección de ir por fuera de la industria cultural. Polemizaron explícitamente contra los pioneros del hardcore punk en Buenos Aires (“Trato de contar las noches cuando bajo las estrellas, brotaban nuestras melodías mientras unos se aburrían, o mientras otros se perdían quizás pensando que lo que sería para siempre, no había sido más que una moda adolescente”) y sin embargo hoy mantienen viva la llama del estilo y se dan el lujo de la masividad. Es la fuerza de esta música. Y es un sentimiento. No puedo parar.

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