El Cuervo Muerto #3 “¿A ustedes les parece andar diciendo esas cosas?”

_ No lo puedo creer, yo pensé que escuchabas nada más que punk rock y acá tenés a Viglietti, música boliviana…

Leo estaba acostumbrado a los policías que se infiltraban en los recitales del Cuervo para ver quién andaba por allí y sacar fotos, pero uno le pasó inadvertido. Este se había acercado al kiosko a comprar unos fanzines, y como le había caído bien lo invitó a pasar a su habitación para mostrarle la fanzinoteca que estaba detrás.

_ ¿Compramos una birra?

_ Si, claro.

El poli infiltrado la destapó y aclaró:

_ Eso sí, yo no tomo.

Leo lo puteó por dentro, pero pensó que era un simple friki. Sin embargo lo volvió a ver en Adrogué, en un recital donde tocó Calle de Tierra que se hizo por el asesinato de Facundo Cáceres. Cuando terminó, lo siguió con unos amigos y lo vieron entrar en una comisaría. Tiempo después se infiltró en un acto de la FORA por el 1° de mayo, pero Leo dejó de saludarlo.

_ ¿Por qué no lo saludas?, le preguntó Danilo, cantante de Os Mocos.

_ Es policía

_ Bueno, organizo un grupo y cuando nos des la orden lo matamos.

Al final el infiltrado se salvaría de la golpiza, pero no sería el último que las fuerzas represivas mandaban para conocer de cerca a esos irreverentes.

Al mensaje efervescente y anticomercial del punk del ‘77, el Cuervo Muerto le fue agregando consignas propias y cada decisión musical y organizativa de la banda tenía que tener un objetivo concreto. Leo era el vocero del grupo y con Alejandro aportaban el discurso político. Martín, baterista, era el “road manager”, organizaba los viajes porque era el único que tenía una camioneta. Tito componía la música al tiempo que otros guitarristas se sumaban y se iban. La banda avanzaba en torno a un acuerdo tácito que conformaba a todos, aunque los problemas se generaban cuando los excesos de algunos de los integrantes hacían caer alguna fecha.

_ Pertenecíamos a un sector de la movida que no era cuidadoso con su salud, a veces sucedía que alguno la bardeaba y quedaba en el camino.

De a poco en Monte Grande se fueron relacionando con gente que no era punk pero tenía militancia política. La consigna menemista de 1989 “Ramal que para, ramal que cierra” los acercó a los trabajadores ferroviarios de Temperley que estaban en huelga. Allí conocieron a Oscar, que tiempo después  armaría el grupo cultural “Al Borde” en Longchamps

_ ¿Y vos qué hacés, che?

_ Tenemos una banda y queremos ayudar.

Así fue que Leo participó de Redacción, el primer grupo de lo que hoy en día es Anred (Agencia de Noticias Redacción), y con el Cuervo empezó a sumarse a las movidas de ATE Sur y a entablar relación con los pibes de Quebracho, la única agrupación política que tenía desarrollo en el barrio, lo que llevó a que muchos seguidores del Cuervo militaran allí y que la banda fuera una fija en sus festivales.

Con el correr de los meses se dieron cuenta que podían generar sus propias movidas y empezaron a organizar fechas con bandas amigas y con otras que compartían su mirada política de la música, quizás influenciadas por la participación de alguno de sus integrantes en la Feria del Fanzine en Congreso, como Detenido Desaparecido, Os Mocos o Familia Asesina. Cada 24 de marzo o 16 de septiembre, en recuerdo a “La noche de los lápices”, los muchachos del Cuervo montaban un escenario en alguna plaza sin pedirle permiso a nadie. Así fue como en 1995 llevaron a las Madres de Plaza de Mayo a la plaza Mitre, frente a la municipalidad de Monte Grande a cargo de Alberto Groppi, quien ya había ejercido la intendencia de Esteban Echeverría como “Comisionado Civil” entre los años 1979 y 1983. También acercaron actores vinculados a la Biblioteca José ingenieros y organizaron muestras de fotos, lo que hacía que en cada fecha llegaran más personas, que incluso viajaban desde capital para sumarse.

_ En ese momento la banda era un eje convocante porque nos venía a ver mucha gente. Para lo que nosotros creíamos que era mucha gente, claro.

Siempre que intentaron organizar fechas “comerciales” salió todo mal, los recitales con entrada paga eran un fracaso, pero cuando eran en una plaza, se llenaban. Por sus festivales pasaron Loquero, BBS Paranoicos de Chile y La Verguenza de la Familia de Uruguay, entre otras bandas. El Cuervo compartió escenario con Fun People en Cemento, una experiencia horrible porque estaba lleno de “niñitos que querían ver a Fun People, no nos querían ver a nosotros”, detalla Leo. Vieron a Loquero tocar dos veces en el Hospital Borda y el Cuervo Muerto fue uno de los pioneros para tocar también en el Hospital Moyano porque al neuropsiquiátrico de mujeres no iba nadie.

_ Ahí nos peleamos porque todos iban a tocar punk, y nosotros decíamos que a gente que estaba empastillada no le podes tocar a ese volumen y gritar “muerte al estado”. No les importa, solo quieren bailar.

La solución fue un set de canciones medio cumbiero y paquetes de caramelos para repartir entre las pibas.

La banda funcionaba como una unidad básica y llevaban su música dónde fuera posible, por más peligrosas que fueran las situaciones. No había discurso rebelde ni frase incendiaria. Donde la coyuntura lo hacía necesario, el Cuervo estaba. Y cuando la cosa se ponía difícil con la ley, aparecía Toto. León ‘Toto’ Zimerman, abogado de derechos humanos, fue uno de los fundadores de CORREPI (Coordinadora contra la Represión policial e institucional). Él los sacó algunas veces de la cárcel y los corría por izquierda al animarlos a llevar al extremo el vínculo musical del Cuervo con la militancia. Ante una posible toma de un galpón en Monte Grande que hoy es centro cultural, Leo recuerda sus palabras:

_ Ustedes háganlo, total todo lo que rompe el estado lo tiene que reponer (menos los huesos)

Así los bancó para que el Cuervo Muerto participara de la toma de tierras del asentamiento “Agustín Ramírez” en Francisco Solano en 1995, les patrocinó una causa contra la policía que les interrumpió un recital en Ezeiza a los itakazos y obligó a lxs detenidxs a ir de rodillas las dos cuadras de distancia que había hasta la comisaría, y sacó a Alejandro de la cárcel en tiempo récord (que había sido detenido en un recital pre marcha de las Madres en El Jaguel) para que pudiera tocar. Ante cada consulta sobre una actividad que rozara la ilegalidad burguesa, la respuesta de Toto era la misma:

_ Ya lo tendrían que haber hecho.

Estas historias pintan unos ‘90  que no encajan con la típica descripción de una década caracterizada por la pasividad de la juventud. Cada anécdota es una pincelada que describe una época muy creativa donde para un grupo de bandas, el sonido era algo secundario. Para quienes se maravillaban por el “nuevo rock” que representaban Los Brujos o Babasónicos, la movida del Cuervo Muerto era simplemente política, ajena a lo musical. Pero para la militancia, los pibes del Cuervo hacían música. En esa indefinición, inmersos en un espíritu nihilista y anti todo, surgió con la banda Chiquero la idea de hacer una serie de recitales contra la candidatura de Eduardo Duhalde en la Provincia de Buenos Aires. La llamaron “Gira contra la farsa electoral”. Uno fue en Burzaco, donde junto a Os Mocos y Calle de Tierra tocaron frente a una iglesia. Otro en Laferrere, donde lo hicieron sobre un carro de esos que suelen ser tirados por caballos y lo organizaron con la “Asociación de carreros” gracias al vínculo de quien es hoy un diputado macrista: Toty Flores. También llevaron adelante un ciclo de fechas en sociedades de fomento del conurbano que titularon “Por la unión de los barrios”. El último fue en Monte Grande con Un Kuartito y Mayhem de invitados. El cierre fue con una batalla campal entre miembros de dos barrios distintos que seguían al Cuervo.

A pesar de que vivían a seis cuadras de distancia, los padres de Leo y Alejandro no frecuentaban sus recitales. Pero si bien no había acompañamiento tampoco había hostilidad explícita. El silencio era interpretado por ambos como un respaldo para su plan de hacer y ser lo que tenían ganas.

Sin embargo, hubo una vez un reclamo. Sutil, suave, preciso. La gestión duhaldista en la Provincia de Buenos Aires había decidido que el hospital de Monte Grande dejara de ser provincial para pasar a ser municipal, lo que implicaba un tremendo recorte de presupuesto. Los médicos que bancaban la protesta se enteraron de lo que venía haciendo el Cuervo y los convocaron a tocar. Allí  fue Teresita, la mamá de Leo y Alejandro con Marcos, el hermanito de ambos. Iba todo bien, había bastante gente hasta que desde arriba del escenario los muchachos empezaron a coro: “¡Duhalde fascista, vos sos un terrorista!”. La mitad de los médicos huyeron.

Al terminar el recital Teresita esperó a sus hijos mayores:

_ ¿A ustedes les parece andar diciendo esas cosas?

 

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