Detenido Desaparecido #1 – Rebelion Rock

  No hay nostalgia en sus palabras. Sentado a metros de la Glorieta del Congreso, sobre Avenida Rivadavia, Federico Montenegro no anhela el pasado. En los ‘90 no hay un lugar al que desee volver ni momento que añore repetir, aunque sabe que aquellos años fueron formadores y Detenido Desaparecido fue el primer paso para una toma de conciencia que derivaría en una militancia anarquista que sostiene hasta hoy. En aquellos años posteriores al indulto a los genocidas de la última dictadura se preguntaba qué le pasaba a la sociedad argentina, a qué se debía su falta de reacción: “¿Están mudos, sordos y ciegos?”, gritaba desde el micrófono. El sol otoñal ya se escondió, pero antes de que la entrevista se traslade a un bar, Federico intenta hacer memoria.

  “Creo que en 90”, “no, en el 91”, “entre el 91 y el 92”. Sin certezas ni un registro oficial a donde recurrir, a Federico le cuesta ubicar temporalmente su adolescencia. Es que todo sucedió de repente: la lectura de una revista Rebelión Rock que tenía a los Dead Kennedys en tapa, la escritura en una noche de las primeras seis canciones de Detenido Desaparecido, su presencia cada viernes en La Feria del Fanzine en Congreso y los recitales autogestionados y callejeros con su banda en una plaza de Pompeya que con el tiempo se refundaría como Punkilandia.

  —El proyecto de ustedes se llama “Hazlo Tú Mismo”, y así fueron aquellos años, entendimos que podíamos hacer un fanzine, decir lo que queríamos decir, reproducir cosas que nos gustaban y era todo como inmediato. Hacer un grupo era un sentimiento del momento porque teníamos algo para expresar. La frase “hazlo tú mismo” tuvo algo de verdad. 

  Federico creció en Quilmes, en un barrio que describe “tradicional, de viejos y tranquilo”. Al secundario iba de noche, porque trabajaba de día en una distribuidora de galletitas donde atendía al público y hacía entregas. Escuchaba Los Muertos, Sumo y le había llamado la atención el primer disco de Massacre Palestina. El punk le gustaba, porque desde aquella vez que escuchó Sex Pistols en un cumpleaños, The Police le empezó a parecer demasiado liviano. La cerveza y la charla con amigos era la rutina elegida a la salida de la escuela, donde cada tanto pasaba Conde, el punk de barrio que cargaba encima con toda la estética del estilo. ¿Qué había detrás de esa cresta? ¿Qué significaba? En estos tiempos de cultura globalizada, sería arriesgado asociar cualquier cresta callejera con el punk, pero en esa época donde la gente no andaba con remeras de Ramones sin haber escuchado nunca una canción de los pioneros del “one, two, three, four”, mirar detenidamente a Conde era como encontrarse con un extraterrestre.

  Su deseo de conocer más sobre punk empezó en la disquería de Quilmes que hoy se llama Xennon, donde compró su primer casete (copia grabada, claro). Era “Revolución”, de la Polla Records, que cambió por otro a los pocos días porque, acostumbrado a la música de los Pistols o los Kennedys, le sonaba “blandito”. Tiempo después su búsqueda personal lo llevaría al puesto de Luis Alacrán, el editor de la Rebelión Rock en Parque Centenario, a hacer una columna de punk y hardcore los domingos a la noche en FM Sol, a conocer a los Flema que también hacían un programa radial en una emisora de Avellaneda, y a juntarse con sus amigos Andrés, de Florencio Varela, y Diana, de Bernal, para armar una banda.

(El resto de la historia de Detenido Desaparecido la encontrás en el libro…)

Fotografía: Alejandro Rodríguez

 

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