Solo un Momento #3 – Las Gatas

  “Decían ‘que se vayan todos’… y están todos menos los que murieron”. La frase que vomitaba rabia e impotencia le pertenece a Marta, madre de Carlos ‘Petete’ Almirón, militante asesinado durante la represión en la revuelta popular del 20 de diciembre de 2001. Entre lágrimas y sollozos, Marta parecía sintetizar el sabor a victoria, pero, a la vez, a derrota al que extrañamente nos remiten las puebladas de aquellas jornadas. Pero algo más dejaron las víctimas en su batalla, algo más portaban sus piedras: la semilla que crece en el subsuelo de un pueblo tan ardiente como complejo.

  Uno de los espacios donde confluyeron estos fuegos fue el de las asambleas vecinales que supieron aglutinar un espectro variado de actores. Las redes tejidas en las comunidades barriales favorecieron el surgimiento de una mayor cantidad de okupaciones, una movida intensificada por la fuerza que tenían las organizaciones en ese contexto. Kasa Lxs Gatxs (aunque se pronunciaba Las Gatas, escribían con la x desde hacía tiempo) fue un ejemplo de ello: se abrió el 23 de diciembre de 2001 en Córdoba capital. Cristian L. -aka Kris Fuego- recuerda que su amigo Ricky la abrió a través del contacto con el movimiento anarcopunk de la provincia y decidió extender la invitación a todo aquel que quisiera formar parte de un centro social y cultural ocupado. A través de un recital de su banda Terror y Miseria en esa provincia, habían conocido varias personas con las que luego convivirían y que, asegura, se convirtieron en sus hermanos y hermanas para siempre. Por eso, a comienzos de enero, Kris dejó la comunidad con la que vivía en Kasa Loka, en La Boca, y decidió viajar a Córdoba para apostar por la okupación de un espacio de libre expresión porque le parecía lo más coherente con respecto a sus experiencias previas de ocupación tras haber formado parte de una en el Centro Cultural Eliseo Reclus, en Bernal y haber estado en contacto con las okupaciones de La Boca como Tierra del Sur, El banco ocupado, La gomera, La grieta y Los libros de la esquina, entre otras. Pero fundamentalmente, significaba ser coherente con ideales que se habían ido macerando a través de la música: Os Mocos, Familia Asesina, El Cuervo Muerto, Gatillo Fácil, Por Los Que No Están, fueron bandas que no sólo trazaron un camino para los integrantes de Terror y Miseria en un proceso de transición en el que luego del desguace del Estado y el cambio profundo que imprimió el modelo neoliberal en los ’90, no habìa muchas herramientas ni modelos a seguir muy definidos, sino que también establecieron una pauta de sus expectativas a nivel musical: “La música siempre estuvo presente en todas mis luchas, creo que es algo indivisible”, señala Kris quien inmediatamente remarca que su banda se declaró abiertamente anarkopunk y participó del primer encuentro anarcopunk, en Uruguay, en 1998 y de su segunda edición en el 2000, en Toluca, México.

  En pleno estallido social, se preguntaban si serían hormigas, abejas, cifras equivocadas en la gran sopa podrida del sistema o, como decía el escritor chileno Roberto Bolaño: “Seres humanos, casi pájaros, héroes públicos y secretos” que tenían el objetivo de potenciar junto a otrxs compañerxs, el trabajo barrial en una Córdoba conservadora, fomentando una economía alternativa, el trueque directo, creando talleres de literatura y fotografía u organizando ciclos de cine-debate y actividades en conjunto con otras okupaciones como Casa Caracol, que se tomó mediante la intervención de Maite Amaya, una referente trans que falleció hace pocos años y que en aquel entonces era una punkie marica que les propuso impulsar un intercambio para empezar a fusionar dentro de lo que era el tejido social de Córdoba.

  Casa Lxs Gatxs, que lleva su nombre en honor a dos gatas y sus crías que lxs recibieron cuando intentaron ocuparla, permaneció hasta el 2007 cuando lograron desalojarla. Sin embargo, los Terror y Miseria se fueron tres años antes, no por haberse cansado del proyecto, sino por la curiosidad que la experiencia de la ocupación les había despertado de conocer qué pasaba del otro lado del charco teniendo en cuenta que la mayoría de las ideas sobre okupaciones que tenían provenían de Europa. La banda, que había ese año había editado “Somos lo que hacemos para kambiar lo que somos” que empezaba con la canción “19 y 20 de diciembre de 2001”, continuó tocando seis años más realizando giras por España, Francia y Portugal. Algunos terminaron viviendo en Barcelona, luego Kris se fue al país vasco y volvería a Argentina diez años después.

  Pero lo que Kris más destaca fue el hecho de haber llevado su bagaje hasta allá: “La sociedad catalana resultó un tanto hostil de entrada, pero al ir con experiencia de okupación, empezamos pronto a ocupar y armar centros sociales, en donde quisimos mostrar otro tipo de alternativas en los barrios, politizar un poco más. Le agregamos ese puntito latinoamericano que le pone un poco más de corazón, de alguna manera, y la gente lo aceptó bien”, recuerda.

  Su cámara analógica le permitió realizar un amplio registro de la ocupación, pero hay una foto en la que se los ve al sol en la terraza de la casa, que destraba las puertas de la nostalgia y le recuerda que algunos fuegos son inextinguibles. La fotografía fue tomada luego de un allanamiento, una de las tantas maniobras que la policía utilizó para poder ingresar, ya que nunca había podido. Así que lo hicieron de sorpresa, acusándolos de haber robado madera. En ese momento, se produjo una manifestación espontánea de vecinos que impidieron el desalojo y repudiaron el accionar policial ya que pretendían llevarse un pedazo de madera que era de uno de los chicos cuyo padre era carpintero. “Se fueron realmente humillados. Pensaron que el barrio no nos iba a defender, pero ese trabajo barrial que encaramos dio sus frutos y la solidaridad fue increíble. De alguna manera, me da orgullo que hayamos podido construir un lugar en el que relacionarnos de igual a igual. Eso me suena a resistencia, porque muchas personas que tenían otro tipo de rutina probaron esa miel de la libertad y cambiaron su vida para siempre”, dice Kris.

  La crisis del 2001, además de haber sido sinónimo de organización, hartazgo y calor popular, también trajo consigo miseria y muerte, como decía, sin consuelo, Marta Almirón. Pero allí se sentaron precedentes para forjar lazos que recuerdan que aún la memoria puede fortalecer cierta épica, cierto retumbar de corazones, la pluma clavada en la mesa de madera áspera o el entusiasmo que contagiaban las paredes pintadas de Casa Lxs Gatxs que decían: “Ellos son rikos porque tienen dinero, nosotrxs somos felices kon la libertad”.


Texto: Andrea Florencia Leal @no.love.lost._

Agradecimientos a Cristian Lasalle por el testimonio y las fotos.

En las redes sociales!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *